En esta Antioquia nuestra, en esta Antioquiaamada,
en esta Antioquia de todos, volveremos aempezar.
En esta Colombia nuestra, en este nuestro paísadolorido,
Volveremos a empezar.
Y a nuestros hijos y nietos enseñaremos que:
era una Antioquia grande y altanera, altiva yorgullosa
la de sus ancestros, la de sus abuelos.
Sus caminos se abrían a golpe de machete ytesón
para que el pie del arriero transitaradomeñando
agrestes y salvajes colmas, fundando pueblos ycaseríos
bajo la luz de nuevos amaneceres.
Y, sólo fondas con guarapo hallaban en elcamino
para descansar su cuerpo sudoroso y trajinado
y foguear el espíritu libre, indomable yorgulloso;
y las peleas eran la de los gallos
o la de los hombres por conquistar
a una hermosa hembra.
Les diremos a nuestros hijos que la de losabuelos,
era la Antioquia de la mula y del arriero,
del toro cimarrón y del perro callejero;
era la época de la conquista del monte
y el nacimiento de las aldeas.
Era una Antioquia emprendedora,
una Antioquia grande,
una Antioquia para todos.
Era la Antioquia de los abuelos.
Hoy, hay una Antioquia ensangrentada por odiosy rencores,
por intereses mezquinos, por conquista depoderes.
Hoy el hombre sencillo y bueno,
visionario, fundador líder y luchador,
muere sembrando estrellas y acariciandoamaneceres.
Hoy, hay una Antioquia adolorida,
herida, lastimada, ofendida,
una Antioquia donde tiñen de negro la blancurade la paz,
donde la sangre del descendiente del andero,del mulero,
es regada en los caminos donde su sueñoalcanzó una estrella,
donde en su frente germinó una inmensa florroja
donde lo besaba un radiantes día
mientras sus parpados se cerraban
como un par de mariposas dormidas.
Pero la Antioquia orgullosa de ayer
y la Antioquia enlutada de hoy
tienen en común que su orgullo y su dolor,
su lucha y su esperanza, sus banderas delibertad,
son paisas.
Y el ayer y el hoy se funden en un solo gritoantioqueño
para volver a comenzar,
para volver a sembrar en su suelo entristecido
semillas de amor, pan, paz, justicia ylibertad.
Y les enseñaremos a las nuevas generaciones
que aunque hoy llora Colombia,
el monte, la flor y el pájaro;
que aunque el cielo patrio se ha oscurecido
con el humo gris de las balas
que hacen su diana en el blanco de la paz;
que aunque se ha herido de muerte laesperanza,
se ha derramado la sangre pacífica con laviolencia irracional,
se ha vulnerado el sentimiento antioqueno
de amor, solidaridad y bondad;
que aunque hoy nos duele el vacío de lossenderos
el silencio de sus veredas pueblos y rincones,
ya sin el paso del hombre que enarbolójubiloso y valiente
como un Atanasio Girardot, como un héroe denuestra historia
como el hijo de Asís,
la bandera luminosa y transparente de lafraternidad y la paz;
que aunque la hierba fresca y verde de loscaminos patrios,
que sintió sus pasos, se tiñó de rojo,
y el grito de la noviolencia
se ahogó en la selva de mezquinaos intereses
que se anteponen, a la vida misma y la hacenparecer;
sin embargo,
por encima de nuestro dolor y nuestra rabia,
por encima del terror y el miedo que quierenacallar
el clamor de justicia, solidaridad, amor ypaz,
se escachara en el tiempo y en el espacio,
la voz que nunca,
ni las balas, m la violencia, ni el horror yla amenaza,
acallará.
Esa voz que clama por el respeto del hombre,
por su dignidad y trato igual;
esa voz que antes y después de Cristo y en suCrucifijo
pidieron piedad, clemencia y fraternidad.
Esa voz de justicia que ni ayer ni hoy
Les diremos a nuestros hijos,
que en medio del asombro, el espasmo,
el miedo y el sufrir, volveremos a empezar
cada instante, cada que sea necesario,
bajo el sol, la lluvia,
la luna, las estrellas, el día, la noche,
en el campo y en la ciudad, en cada esquina
en cada lugar, volveremos y volveremos
a cantar el himno de la hermandad,
empuñaremos y empuñamos nuevamente
el estandarte de la paz;
continuaremos y continuamos desde el corazón,
predicando, luchando, gritando y realizando
la noviolencia por sendas y cañadas,
por rotas, por trochas, de esta Colombiaquerida,
donde se escucharán de nuevo,
los pasos del caminante, que no cesarán
hasta que en Antioquia toda, en Colombiaentera,
la noviolencia sea una realidad,
la justicia social, la paz y la solidaridad,
se campeen en todos sus rincones.
Entonces, las tumbas de los valientes,
de los sacrificados, de los peregrinos,
de los caminantes, descansarán en paz
y los que aquí quedemos, seguiremos avanzando
para que por siempre florezcan semillas
de amor, justicia, paz y libertad.
Por ello, todos,
por muestra patria amada, por nuestraAntioquia querida,
por nuestro hijos, hoy y siempre,
volveremos a empezar
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