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Agosto de 2008

Contenido
Editorial | 5 |
| El “Código Iberoamericano de Ética Judicial”: un valioso resultado de la Cumbre Judicial Iberoamericana Juan Carlos Socorro Marrero | 6 |
| El caos tiene la forma jurídica de una paloma Jaime Francisco Coaguila Valdivia | 14 |
| El caso Coca Nasa: algunas reflexiones sobre el carácter dinámico de las culturas y el alcance de las decisiones de las autoridades indígenas en Colombia Nicolás Ceballos Bedoya | 17 |
| Controversia jurídica del informe pericial del estado de salud por enfermedad muy grave en el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses Alexis Peña Fernández | 25 |
| Dignidad humana, bioética y cuerpo como bien disponible Gabriel Fernando Roldán Restrepo | 30 |
| Divagaciones acerca de la verdad Alberto Giraldo Castaño | 33 |
| El gran poeta Naocoonte José Martínez Sánchez | 37 |
| Saludo del discípulo al maestro Eduardo Umaña Luna J. Mauricio Chaves Bustos | 39 |
| Algunas reflexiones sobre los posgrados Julio González Z. | 42 |
| Cine R.H. Nelson | 51 |
| La biblioteca J. M. Chaves Bustos | 54 |
| Runaway Bay Bertha Cecilia Ramos Roca | 56 |
| La vejez en cien frases Hernán Ortiz | 57 |
| Leocadia José Luis Rendón Cardona | 62 |
Editorial
Lo esencial de un editorial es que tenga un efecto sobre los lectores, no se trata simplemente de la presentación de la publicación, de su contenido, de la calidad de los ensayos, de la trayectoria de sus autores: resultaría soso, o simplemente un escrito más para cumplir. Un tema común puede ser materia de reflexión o de análisis en el momento en el cual la revista llega a sus destinatarios. Cumple el editorial si suscita controversia, por lo menos ello evidencia que fue leído por alguno o varios de los afiliados, o por un tercero. Sería una verdadera prueba de la reacción recibir los comentarios por escrito para compartir las apreciaciones con todos, no por algún correveidile. Tal discusión es válida cuando está acompañada de argumentos, no cuando se limita a simples adjetivos que se pronuncian en un espacio cualquiera o en una reunión de comadres.
Recientes editoriales —que como es obvio, son obra del director y no de un colectivo, y que por dicha autoría no tienen que estar rubricados—, han generado una inconformidad en algunos receptores de la revista, no se sabe quiénes porque no lo han manifestado abiertamente. Este asunto permite citar en esta oportunidad a dos eminentes afiliados: uno, el doctor Andrés Nanclares, a quien tanto se admira y quien se caracteriza por ser un incendiario en el buen sentido de la palabra: el intelectual, por depositar el dedo en la llaga. Parece que algunos son proclives a que no se digan las verdades y por eso les incomodan tantas ponencias, múltiples advertencias, desvelar la realidad, y entonces destilan veneno y descalifican. Eso ha ocurrido con este escritor, quien seguramente disfruta del efecto de sus comentarios en quienes no comparten sus argumentos y aun así no baja la guardia, son los críticos quienes no alcanzan a mantener la altura del debate.
De otro lado, está la docente y jurista Socorro Vásquez, quien de manera constante y denodada se ha preocupado tanto desde la academia como desde el ejercicio de la judicatura por pregonar la importancia de la argumentación y señalar que ese ejercicio implica sustentar y no explicar; lo señala en el estricto sentido de la decisión judicial, pero resulta válido para cualquier actividad intelectual. Por sus banderas es que el Colegio celebrará en septiembre un seminario de argumentación de altísimo nivel, porque todos los días será útil, tanto para los jueces, como para los fiscales, los abogados, en fin, para todos los juristas.
Las anteriores glosas permiten una conclusión: cuando se emite una idea, puede aceptarse o no, es propio de una acción dialéctica; sin embargo, al rebatirla debe eliminarse el capricho, el gusto, con razones sólidas; por ello Andrés sigue tan campante, Socorro no ceja en su empeño, y quienes lanzan epítetos deben ir al seminario de argumentación.
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